A modo de prólogo
Este es un año importante para la
Cofradía, toda vez que hemos sido invitados por el Obispado de Jaén para tomar
parte en la “Magna Procesión” que, con motivo del Jubileo de la Esperanza,
tendrá lugar en Jaén. De la Historia de la Cofradía, podría contaros muchas
curiosidades: desde el encargo al pintor Mariano de Madrazo del actual lienzo
del Cristo del Consuelo, hasta la compra de las campanas, los bancos de la nave
de la iglesia o los donantes de las campanillas que salen todos los años
colgadas de la parte de atrás del Cuadro. Pero todo esto, siendo importante, no
es lo suficiente para que en esta tarde, todos los que estáis aquí presentes
arropándome en este acto de inicio de las Fiestas de Septiembre en honor al
Santísimo Cristo del Consuelo, salgáis con una idea clara de lo que ha sido y
es, para los cazorleños, la devoción al Cristo del Consuelo y la formación de
su Cofradía.

Nuestra Cofradía está unida a los
franciscanos desde el siglo XIX, cuando dejamos Santa María y nos instalamos
definitivamente en el templo de San Francisco. En Cazorla, la huella de San
Francisco vino de la mano de un importante fraile de esta orden, nada más y
nada menos que fray Francisco Ximénez de Cisneros, cardenal y arzobispo de
Toledo, señor del Adelantamiento de Cazorla. Para gobernar estas tierras nombró
por su Adelantado a Don García de Villarroel, un cortesano y hombre de armas
que tuvo problemas económicos en la administración del Adelantamiento. Cisneros
le obligó como «penitencia» en sus excesos, a la construcción y patronazgo a
sus expensas de un convento en Cazorla de la Orden de Santa Clara, (que es la
rama femenina de los franciscanos), bajo el título de «San Juan de la
Penitencia» y donde reposaron sus restos mortales. Las obras se terminaron en
1525 y hasta el nuevo edificio se trasladaron las monjas que desde 1517
ocupaban la ermita del Cristo de la Vera Cruz. Anexo a esta ermita, los frailes
franciscanos fundan un Vicariato para atender espiritualmente a las monjas.
Algunos años después, 1578, los frailes se trasladan al centro de la villa, al
lugar de los Manglanillos, y construyen el convento y la que hoy es iglesia de
San Francisco.

Pues bien, una piadosa costumbre
franciscana consiste en colocar en sus conventos una «huella de San Francisco».
Es un grabado que representa a tamaño natural la pisada del santo, como una
plantilla de sus sandalias. Está orlada por los símbolos de la Pasión del
Señor, y las dos versiones del escudo de los franciscanos.En la parte superior,
la Cruz de Cristo sobre calvario cubierto de calaveras, y sobre ella, dos
brazos cruzados: uno desnudo y con la marca del calvo, representando a Jesús en
la Cruz, y el otro, vestido de pardo sayal con el estigma, es el brazo de San
Francisco. En la parte inferior del grabado, la otra versión del escudo de los
franciscanos, en el que se representa el cáliz de la pasión rodeado por las
cinco llagas del cuerpo de Jesús que, como estigmas, se reprodujeron en el
cuerpo del Santo de Asís. Esta última versión del escudo de la Orden
Franciscana, aunque un poco más simplificada, es la que tenemos en dos escudos
en Cazorla. Uno en la esquina de la calle del Carmen con Mercedes Gómez, en el
muro del que fuera convento de San Juan de la Penitencia, fechado en 1572 y el
otro sobre la puerta de entrada a la iglesia de San Francisco, con la fecha de
1649.El 21 de Abril,mientras yo escribía este texto, amaneció con la noticia
de la muerte del Papa Francisco. Un Papa muy particular que ha dado un paso más
en el camino que la Iglesia trazó con el Concilio Vaticano II. Entre las muchas
horas de televisión y prensa que hemos tenido, me llamó la atención la frase
que, aun siendo cardenal arzobispo de Buenos Aires, les dirige a los jóvenes el
sábado 9 de junio de 2012, con motivo de la festividad del Corpus Christi: «El
que camina sin dejar huella no sirve para nada. En la vida hay que caminar como
caminó Jesús: dejando huellas que marquen la historia. Huellas que dejen
descendencia.» Y aquí está la clave del contenido y del título que le he dado a
este Pregón:
«La huella de la
Real Cofradía del Santísimo Cristo del
Consuelo»
1.- La devoción al Cristo del Consuelo
En 1632 llega a Cazorla Don Iñigo
Fernández de Angulo y Velasco, caballero de la Orden de Santiago y gobernador
de Zamora, natural de Santa María, en el valle del Mena, provincia de Burgos
para tomar posesión como Alguacil Mayor de la Villa de Cazorla y Alcaide de su
cárcel. Estaba casado con Doña Francisca de Sandoval, natural de Cazorla. Fruto
de este matrimonio nacen varios hijos. El que nos interesa es quien heredaría
el mayorazgo, don Iñigo Rodulfo, bautizado en Cazorla el día 24 de julio de
1633. Se casó con su prima doña Francisca Juana de la Tovilla Escós y Godoy en
1659.El 13 de noviembre de 1690 recibieron del título de Marqueses de
Hinojares.

Quien, por primera vez, nos habla de la
relación de este matrimonio con la devoción al Señor del Consuelo, es el
profesor don Rafael Laínez Alcalá: «…yo pienso ahora en que todavía D. Iñigo
Rodulfo y doña Francisca Juana, su esposa, siguen soñando en sus Mayorazgos de
Angulo y de Hinojares, tierras de Castilla y Andalucía, desde la severa actitud
orante en que se mantienen aún a los pies del Cristo (¿de Cazorla, de Burgos?)
que con tanto fervor guardan mis amigos los señores de Muro en la casona de la
vieja calle de las Tiendas…»
En 1984 se publicó el artículo “La
devoción del Santo Cristo del Consuelo y la familia Fernández de Angulo”, de
don Rufino Almansa Tallante, donde, tras un minucioso estudio de los Libros
Parroquiales concluye «… nos atrevemos a afirmar que los orantes son el hijo
mayor de los susodichos señores, don Iñigo Rodulfo Fernández de Angulo y
Sandoval, y su prima, doña Francisca Juana de la Tovilla Escós y Godoy». Es la
confirmación de lo que apuntaba el profesor Laínez Alcalá sobre los personajes
que hay a los pies del cuadro que, en Cazorla, se conoce como «Cristo de los
Orantes». Por expresa voluntad de la familia Muro-Tamayo, y en escritura
pública de fecha 17 de Agosto de 1992, el «Cuadro de los Orantes» pasó a formar
parte del patrimonio de la Cofradía. La entrega efectiva se produjo el día 12
de septiembre de 2015, cuando la Junta Directiva se trasladó a la casa de la
familia Muro, y colocado sobre las andas procesionales, el «Cuadro de los
Orantes» se trasladó hasta la primera capilla del lado de la Epístola del
templo de San Francisco.
La primera noticia, a día de hoy, que nos
sitúa al Cristo del Consuelo en la iglesia parroquial, en la capilla del lado
del Evangelio del presbiterio, la he encontrado en el protocolo del escribano
Diego de Texerina y Jorquera. En el que se encuentra el testamento de Luisa
Antonia de Zafra, natural de Cazorla, viuda de Juan Felipe, de nacionalidad
francesa. El testamento tiene fecha del día 15 de Enero de 1684 y, en una de
las mandas nos dice: « por mi ánima se digan cincuenta misas rezadas, las
cuales todas aquí contenidas declaro mi voluntad se celebren y digan por los
señores clérigos de esta villa, excepto quince misas que se han de decir en el
Sagrario de dicha iglesia maior a donde está el Santísimo Cristo del Consuelo,
que han de ser las quince misas a los Misterios de Nuestro Redentor y soberano
maestro y se han de decir por el Licenciado don Juan Alfonso de los Rios,
presbítero y teniente de cura de las parroquiales de esta villa».

La segunda referencia a la presencia del
Cristo del Consuelo en Santa María viene de la mano del Vicario Eclesiástico,
don José Romero de Vargas que, en cumplimiento de sus funciones, hace visita en
Octubre del año de 1691 a la iglesia parroquial y relata «…En la iglesia
parroquial maior de Cazorla ay tres Capillas, la una al lado del Evangelio del
Altar Maior intitulada del santo Xto del Consuelo donde se aia colocado el
segundo Sagrario que tiene dicha iglesia y por executoria de Vº Ema. Tiene
derecho a enterrarse y sentarse en ella el marques de los hinojares a quien
pertenece y así mismo otra capilla en la dicha Iglesia que llaman de los
Tovilla……». Esta forma tan familiar, y en tiempo presente del texto, nos
indica que la concesión del privilegio de tener capilla propia en este lugar,
es muy próximo a esta visita. El cardenal Portocarrero estuvo en Cazorla para
las fiestas del Corpus Christi de 1685 y debió conocer a nuestros personajes.
Aún no hemos podido determinar desde cuando el Cuadro del Cristo del Consuelo
está en esta capilla. Cuando hablo del Cuadro del Cristo del Consuelo, estoy
haciendo referencia al «Cuadro de los Orantes»y tiene lógica que esta capilla
se la dedicaran a su particular devoción del Santo Cristo del Consuelo y colocasen
en ella el cuadro que ya tenían en su casa, con ellos pintados a los pies del
Crucificado. Los autores anteriormente citados, Laínez Alcalá y Almansa
Tallante, han fechado el cuadro de los Orantes en la horquilla de 1659-1664,
atendiendo al estilo pictórico y a las vestimentas de los personajes.La visita
del Vicario sucede 3 años antes del diluvio y suponemos que es el cuadro del
«Cristo de los Orantes» el que se encuentra en esta capilla el 2 de junio de
1694. En 1714, dos años después de aprobar los Estatutos el texto cambia y el
Vicario cuando hace referencia a la misma capilla nos dice: «… se venera la
efigie del Santo Cristo del Consuelo que es pintura en lienzo colocada en altar
y ara donde está el comulgatorio y lámpara de plata que arde continuamente…»
luego hemos de pensar que ya es el Cuadro sin los orantes, con el pueblo a los
pies que ha encargado la Cofradía como su imagen titular, el que en esta fecha
se encuentra en la Capilla.
2.- Las huellas de la Cofradía del
Santísimo Cristo del Consuelo
2.1.- La Inundación de 1694
«…el Santo christo del consuelo,
que se saco otro dia mojado hasta la
mitad y herido de la Piedras»
La descripción de lo que sucedió en
Cazorla el día 2 y 3 de junio de 1694 se
encuentra en la carta que el escribano público Baltasar del Castillo en nombre
de la villa de Cazorla,dirige a los cabildos de las Santas Iglesias catedrales
de Sevilla y Toledo, fechada en Cazorla el 13 de junio de 1694. Dice así:
«… hauiendo estado todo el dia con nubes
horrorosas hasta las quatro de la tarde (que se juntaron muchos truenos y
relámpagos de grande espanto) abrio el cielo sus cataratas durando lo riguroso
del Dilubio, poco más de una ora, en cuio corto tiempo obio tantas ruinas y
pérdidas que en lo que huuiere mundo abra memoria de tan lastimosa tragedia,
ocasionada en la fabrica, en la rara y singular fundaçion de esta Villa,
situada en la falda de Dos Sierras emientes que la cogen las espaldas, como en
media Luna y en el Valle por donde ba el Rio que nace de estas Sierras, fabricaron
una puente y sobre ella La Iglesia mayor… de forma que el rio entra por debaxo
del Sagrario, cuerpo de toda la Iglesia, Plaza y Carneçerias: y con el turbión
de agua referido, traxo unos peñascos de tan gran magnitud que ceraron la madre
al rio, haciendo una antepuerta a la entrada de la bobeda de la Igleçia y fue haciendo represa hasta llegar a la
Sierra, y bolviendo a ella reuento con tanto ímpetu que rompió la Sacristia, e
inundo toda la Yglesia y por la calle del lado entra en la Plaza tan alto y con
tan grandes peñascos que el agua llego a las campanas de la torre, y Jugando
con las peñas en la Plaza donde desde el año 684 estaua abierto vn boquerón en
la bobeda, que se aderezaba, abriéndola toda de arriba abaxo y pasando a las
Carnecerias y medias casas del Ayuntmiento, las deshiço y lleno invisiblemente
y con tan grandes desahogadero hubo mas de dos estados de alto en toda la
Plaza…» Este «Diluvio», además de dañar la Iglesia Mayor como hemos descrito,
se cobró la vida de 64 personas, destrozó las casas del Cabildo, afectó a más
de 20 molinos de harina que había en el cauce del río y se llevó todos los
puentes que comunicaban ambas partes de la villa. Los cuerpos de algunas
personas, junto a los cálices, libros y ornamentos de plata de la iglesia, aparecieron
a más de tres leguas de distancia solo la plata la valoran en más de diez mil
ducados. Los vecinos, en número de más de 500 personas, se vieron obligados a
refugiarse en el Castillo pues, en la tarde del día siguiente, 3 de junio se
desató una nueva tormenta tan peligrosa o más que la descrita el día 2.
Baltasar del Castillo, describe de nuevo: «… descargó su ira encima de la
Sierra, y con la vertiente que cae a la Villa se admiraua el ver baxar el agua
de color de Sangre encendida; Aquí fue los alaridos de que los montes estauan
sobre nosotros negándose al consuelo y desesperados y contritos les ha de
costar a muchos la Vida este susto.»
En este ambiente, el pueblo se vió
desamparado y acudió a la Iglesia Mayor al día siguiente. El escribano público
nos relata lo que encontraron: «… Las Santas Ymagenes sean descubierto, la mas
cercana vna legua: Solo quedó la de Nuestra Señora de Gracia y el Santo christo
del consuelo, que se saco otro dia mojado hasta la mitad y herido de la
Piedras.»
2.2.- Fundación de la Cofradía. Los
primeros estatutos de 1712
«…los hermanos queremos Ynstituir y
fundar hermandad…»
La Cofradía del Santísimo Cristo del
Consuelo aparece por primera vez como tal organización religiosa, ante el
escribano público de Cazorla Pedro Manuel de Texerina y Jorquera, el día 31 de
Enero de 1712, para hacer un poder de representación a fin de tramitar ante el
Consejo de Gobernación del Arzobispado de Toledo la aprobación de sus
estatutos. El texto comienza así: «Pedro de la Plaza maiordomo de la Cofradia
del Sto. Xto. del Consuelo zita en la parroquia de Santa María la Maior desta
Villa. Don Xtobal Enrique Ferndz. de Bustos Alfere, Juan de Plaza, Pedro
Sanchez, Francisco Xavier Zepillo, Juan Gaston, Alfonso de la Paz, Francisco
Antonio Yañez Muñoz y Joseph Estudillo hermanos de la dicha Cofradía Vecinos de
esta Villa a quien doi fe conozco por si y en nombre de los demás hermanos que
de presente son i a delante fueren de dicha Cofradia....».
Solamente han pasado 18 años desde el día
del Diluvio, y en el escrito donde se pide la aprobación de las Constituciones
y Ordenanzas comienza diciendo «En Nombre de el Santo Christo del Consuelo y de
la Virgen Nuestra Señora de gracia zita en la Iglesia Parrochial Maior desta
villa de Cazorla los hermanos queremos Ynstituir y fundar hermandad para que su
magestad nos Ylumine en el mejor azierto...», aparecen juntas las dos imágenes
que se salvaron del Diluvio, es como nos
dijo D. Rufino, donde las miradas y los corazones de los cazorleños fueron centrándose,
pero esto no va solo, sino que “lo primero Nombramos por nuestro hermano maior
de la Cofradia del santo christo del consuelo al doctor Dn. Antonio de Salomon
y Magdaleno prior y cura propio de las Parroquiales desta villa de Cazorla...”,
el mismo al que dejaron el niño en la puerta de su casa y lo lleva a bautizar
el día 26 de febrero de 1688 y le ponen por nombre «Matias Antonio del
Consuelo».La elección del nombre que los padres imponen a sus hijos está
determinada por ciertas costumbres sociales. Es bastante general imponer los
nombres de los abuelos, el nombre del padrino, el nombre de los reyes y en
muchas ocasiones el nombre de santo patrón del lugar o el santo del día del
bautismo. En este caso tan particular se llama Matías, el niño debió nacer el
día 24 de Febrero, pues lo encontraron en el tranco de la puerta el día 25;
Antonio, por ser su padrino Don Antonio de Salomón, y finalmente Consuelo, por
ser la naciente devoción popular en Cazorla.
En Cazorla, con anterioridad al siglo
XVII, los nombres más usados, que hacen referencia a los santos de mayor
devoción son: Isicio, María de la Cabeza y María de Tíscar. A modo de ejemplo,
y por lo común que es el nombre de Isicio en Cazorla, voy a citar una escritura
del 31 de mayo de 1596, donde Francisco Espinel vecino de Cazorla, como
administrador de la persona de su hija «ESIZIA» la pone a soldada en la casa de
Juan Destremera Fuertes por tiempo de 4 años. Una niña que entra a servir, en
esta época puede tener entre 10 ó 15 años, luego debió ser bautizada en la
década de 1580.
Así, a partir de la primera mitad del s.
XVIII, comprobamos que en los libros parroquiales los niños que se bautizan en
torno a la fiesta de Exaltación de la Cruz, llevan el nombre de Consuelo. Y que
el 90% de los niños que bautizan los sacerdotes de Santa María, don Mariano de
Robles y don José de Cuenca, y el predicador de San Francisco, fray Juan de
Robles, llevan todos el “del Consuelo”,
como segundo o tercer nombre. No cabe duda
que D. Antonio de Salomón es el “alma mater” de esta cofradía, lleva
años trabajando en ello, y estos estatutos de 1712 son el fruto de su trabajo
para fomentar la devoción al Señor del Consuelo, y disponer de su propia
Cofradía a fin de organizar el culto a esta Imagen.
Pero no es hasta el siglo XIX cuando se
generaliza el nombre de Consuelo, bien como primero o segundo nombre tanto a
los niños como a las niñas, a todos aquellos que son bautizados en la Parroquia
Mayor. La huella es tan intensa que, seguramente, somos el único pueblo de
España, donde los varones llevan por nombre Consuelo.
A modo de ejemplo: el bautismo de
Santiago del Consuelo Moreno Foronda, el día 31 de diciembre de 1834 «…un niño
que nació el precedente día a las siete de la mañana, hijo legitimo de Juan
Moreno, natural del Molar y de Francisca Foronda natural y ambos vecinos de
esta Ciudad y mis parroquianos a quien puse por nombre Santiago del Consuelo,
abuelos paternos Gregorio Moreno natural de El Molar y Manuela Caravaca,
maternos Alfonso Foronda y Luisa de Tiscar, todos de esta Naturaleza…». O bien
este otro, Consuelo de Peña, que lleva a bautizar a su hija María Eugenia de
Peña el día 7 de Septiembre de 184514 Y por último, vamos a citar a María del
Consuelo Gómez Postiguillo, bautizada el 8 de Diciembre de 1801 hija de Antonio
Gómez y Ramona Postiguillo.
Por ser interesantes para la evolución
futura de la Cofradía, vamos a analizar con detenimiento estos primeros
Estatutos que se organizan en 19 capítulos u ordenanzas. Las tres primeras
tratan de los cargos directivos. Así se nombra, como Hermano Mayor de la Cofradía,
al Prior que ya hemos citado;como Alférez a D. Cristóbal Enrique Fernández de
Bustos, y como Mayordomo a Pedro de la Plaza.
El cargo de Alférez lleva consigo «el
conbidar para las fiestas las comunidades y demas personas de obligaziones y
rezivirlas en la puerta de la iglesia y a la razon de para la procesion sacar
el estandarte en la que en ella aia de salir …asi mismo de su obligacion poner
las mazas de las comunidades que se conbiden para dicha fiesta en los asientos
que les pertenecen». Para ello nombran a un caballero hijodalgo, que se
detecta no sólo por el «Don», que antecede a su nombre, sino también por los
apellidos, que están en el padrón de caballeros hijodalgos de Cazorla desde la
primera mitad del siglo XVI y que tienen sus orígenes en otra de las villas del
Adelantamiento de Cazorla, de las de «allende del río», Iznatoraf.
El Mayordomo es Pedro de la Plaza, sobre
quien recae el poder efectivo de la cofradía para la organización de la fiesta
el 14 de septiembre, pues pone claramente «sin que por ello dicho alferez ni
hemanos se yntrometan en cosa alguna». En cuanto a la elección del Mayordomo,
debe hacerse en cabildo de todos los hermanos, y para convocar el cabildo se ha
de tocar la campana y debe estar presente el Sr. Vicario. La elección se hará
para tres años. Dentro de las obligaciones del mayordomo está, una vez elegido,
nombrar un prioste y dos consiliarios, para que «assistan a lo que se ofreciere
en la festividad del Sancto Christo sin que por ello sele pueda Ympedir». La
ordenanza número 9 obliga al mayordomo en un plazo de 15 días «dar las quentas
de su cargo» que las ha de aprobar el Sr. Vicario.
La ordenanza número 6 describe muy bien
la obligación de todos los hermanos para el día de la fiesta:«... los hermanos
de dicha cofradia aran de Confesar y comulgar teniendo velas en las manos...»;
previamente las velas hay que comprarlas con una limosna de «un quartillo» y
con esta cantidad se ha de montar el altar y, al capellán que diga la misa «se
a de dar de limosna por ellos (los hermanos) seis reales”. En orden a los
ingresos, no solo está este “quartillo», sino que existe la obligación de todos
los años para la fiesta, que los hermanos han de dar «un quartillo de limosna
para el sustento de tarea y este lo a de cobrar el prioste». Además para los
nuevos hermanos que quieran pertenecer a la Cofradía «aian de dar de limosna y
entrada quatro reales para ayuda a la fiesta y demás...».Por último estipulan
que el mayordomo tiene que nombrar a las personas que le ayuden a pedir limosna
en el pueblo y en el campo,«sin que por ello ningun hermano se aia de escusar
luego que sea elexido...».Para guardar el dinero se dispone de un arca con dos
llaves, una la tendrá el Mayordomo y otra el Prioste, y en ella se tendrá
también un libro «donde se junten las limosnas que los fieles donen para la
festividad».
Es muy interesante la obligación de
asistencia a los entierros de los hermanos, así como las misas por el sufragio
de sus almas. Esto se contempla en la ordenanza 17: «... el día que falleziere algun
hermano los demas an de dar un quartillo para dezile misa visilia de cuerpo
presente...», y tienen la obligación de asistir y llevar al difunto sobre sus
hombros, acompañado por ocho hachas de
cera. La limosna de «un quartillo» tiene que cobrarla el Prioste y especifica
que si no llegase para pagar, lo saque del arca. En cambio, si es la mujer de
un hermano el protocolo es un poco diferente, pues solo tienen la obligación de
llevarla a hombros y asistir con la cera, pero no dar limosna para el sufragio.
En la ordenanza número 14 se establece
que a los cabildos tiene que asistir un escribano, del que dan el nombre,don
Francisco Javier Fernández de la Fuente,«sin que por modo alguno lo pueda hacer
otra persona sino fuere con su ynterposición o por su ausencia». Es de su
responsabilidad el libro donde se han poner las ordenanzas y han de anotarse
los hermanos que ingresan y los cabildos que se celebren.
Por último, hacer constar el número de
hermanos, que en principio es cerrado, son solamente 80, aunque en el informe
del Vicario Arzobispal se hace ver la necesidad de que ese número es
orientativo y no se debe negar el ingreso a ninguno que «...cumpla de su
obligacion y dessenzia correspondiente a hermano de la Cofradía del santo
Christo del Consuelo y sea de forma que no procure escandalo su correzzion».

Para la aprobación de los Estatutos era
necesario el informe del Vicario Eclesiástico. En el que describe la situación
de la Parroquia: «…en dicha iglesia no hay fundada otra Cofradía de la misma
advocación ni alguna con que pueda tener concurrencia o perjudicarle respecto
de que solo está fundada la Cofradía del Santísimo Sacramento en dicha iglesia
y por falta de rentas y haber cesado las limosnas esta casi extinguida y sin
asistencia de cofrades y la corta renta que le ha quedado se invierte en ayuda
a costear la festividad del Corpus y tener .....para cuando sale en público su
Divina Magestad para los enfermos, por lo cual no considero inconveniente en
que se establezca esta Cofradía,ni que sea de perjuicio alguno». Dedica el Vicario un extenso párrafo a las
fiestas profanas que era costumbre en otras cofradías: «...mandamos que no se
faga Fiesta de toros, Comedia ni otro gasto profano...» esto viene como
consecuencia de la afición a celebrar capeas en la plaza y representaciones
teatrales en el atrio de Santa María, en la zona que quedó descubierta de la
iglesia. Unos años más tarde, en 1763, el mayordomo de la Cofradía del Santo
Cristo del Consuelo, a la sazón Clemente López, consigue licencia para hacer
dos capeas en la plaza mayor, una de ellas con muerte del toro. El corregidor
don Lorenzo Román de Silva, a la vista del escrito y para cubrirse de ser él
quien prohíba los toros, se dirige al Presidente de la Chancillería de Granada
a fin de que confirme la licencia o bien la deniegue, recordándole la
prohibición que existe de tales espectáculos. El presidente de la Chancillería,
D. Andrés Maraver y Vera, contesta «...que no se efectuen las fiestas de capeas
para el Sto. Christode el Consuelo para las que su Sria. Ilma, tenia conzedida
lizencia.... cuyo auto fue proveydo en diez y seis del corriente (agosto) y
notificado en el mismo a clemente lopez mayordomo de la dicha Cofradia...». Aquel año nos quedamos sin toros, pero los intentos fueron constantes, y las
corridas de toros han estado siempre unidas a las celebraciones más importantes
del calendario de la Real Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo.

Estos estatutos se aprueban en Toledo a
11 de Abril de 1712 y los que dejaron su huella para las generaciones futuras
son los que firman la solicitud para la aprobación de los estatutos «en la
Villa de Caçorla en seis dias del mes de Henero de mil setezientos y doce años
y firmamos los que savemos: Dn. Xtobal Enrique fernandes de bustos, Pedro de la
Plaza, Francisco AnttonioYañez Muñoz, Marcos de Jorquera, Juan Bernardo Amador,
Francisco Xavier Zepillo, Juan de Plaza, Francisco Xavier fernandez de la
Fuente y Juan Gaitones». Estos cazorleños formaron la primera Junta Directiva
que ha tenido la cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo.
2.3.- La invasión francesa. Los segundos
estatutos 1859
«…se tiene por milagro atribuido al Señor
del Consuelo…»
Un siglo más tarde se vivió en España una
gran tragedia: La Invasión de los Franceses. Cazorla fue saqueada e incendiada
en numerosas ocasiones. Además de las Actas del Cabildo, disponemos del
testimonio de José Sanjuan que, en su libro “Resumen histórico de los
acontecimientos sucedidos en Cazorla cuando la Guerra de la Independencia”,
nos cuenta con sumo detalle, a modo de diario y con nombres y apellidos, todo
lo que sucedió en Cazorla desde el día 29 de marzo de 1810 hasta el 19 de junio
de 1812. Así comienza el libro: «Cuando en 20 de Enero de 1810, se internaron
las tropas imperiales en Andalucía, algunas familias de Cazorla se hallaban
refugiadas en la sierra, recelosas de las desgracias que podían ocurrir por la
situación geográfica de la población….seguidamente el jefe habló al Alcalde e
hizo saber la superior orden que traía de exigir 200.000 reales ipso facto; en
lo que estaban condenados los vecinos por haber protegido y dispensado favor a
los soldados españoles dispersos por Despeñaperros…». Aquí empiezan todas las
desgracias ocurridas en Cazorla que recibió 22 incursiones militares, 14
saqueos y 5 incendios. El día 4 de junio de 1810, la resistencia se organizó
con 150 soldados de caballería y 80 escopeteros. Por parte de los franceses
fueron 2.000 infantes y 300 caballos. Con tan desproporcionadas fuerzas Cazorla
fue arrasada y «… cometidos los más horrendos asesinatos, y saciados los deseos
más feroces, y enseguida se principió el incendio. Difícil es describir la
voracidad del fuego, de este elemento destructor cuyas llamas subieron como
unas 40 varas, y sus densas columnas de humo se percibían a más de cinco leguas
de circunferencia….». Este día ardió la iglesia de Santa María.
Entre la mucha documentación que hay en
las Actas del Cabildo,nos vamos a ocupar solamente de los últimos días de la
presencia de los franceses en la provincia de Jaén.
A primeros de marzo de 1812 se recibió en
el Ayuntamiento de Cazorla una carta circular, instando a las autoridades a
celebrar un tedeum el día de San José, (onomástica del rey José Bonaparte). Al
día siguiente, en el cabildo celebrado el día 20, el Vicario Eclesiástico Dr.
Campillo dice: «… y no haverse celebrado el cantico del Tedeum ni misa por
estar quemadas todas las Iglesias de la población y averse profanado por la
última entrada de tropas imperiales la única pieza habilitada para decir
misa.»
Unos meses más tarde, y una vez
comprobados los efectos del fuego y limpiada la iglesia, se comprobó que los
daños habían afectado al retablo principal, capillas, coro y las techumbres de
madera, con lo cual se pudo celebrar la fiesta del 14 de Septiembre de 1812 en
honor al Cristo del Consuelo. Como el retablo se había quemado, se colocó en el
testero del presbiterio el Cuadro del Santo Cristo del Consuelo. Asistieron
todo el clero local y el Ayuntamiento en pleno con su «Alcalde-Presidente», don
Pedro Manuel Lazcano, al frente. La presencia del «Alcalde-Presidente» en un
lugar destacado de la nave del templo y que el Vicario Eclesiástico ocupara
«una silla preeminente» en el presbiterio, originó un fuerte encontronazo entre
la autoridad civil y la eclesiástica que provocó un intenso intercambio de
correspondencia y llevar el asunto a la Real Chancillería de Granada. Todo por
«La silla preeminente del Vicario». Esta mala relación entre el estado
eclesiástico y el civil, fue el origen del cierre por ruina de Santa María,
decretado por el Alcalde el 6 de marzo
de 1815. Los años que siguieron a la Guerra de la Independencia fueron
difíciles en España; primero con la llegada de Fernando VII, con todo lo que
ello supuso; después el «Trienio Liberal», la Primera Guerra Carlista…, y
Cazorla no fue ajena a todos estos movimientos y en especial para la Iglesia,
pues Cazorla y su Adelantamiento dejaron de ser un señorío de la iglesia de
Toledo para incorporarse a la Corona con todos los derechos jurisdiscionales.
El 18 de septiembre de 1812, llegó a
Cazorla la noticia de que los franceses abandonaban Jaén, pero en su camino de
retirada hacia el mar pasarían por Cazorla. Aquello causó estupor y la gente se
encomendó al Señor del Consuelo, pues era nuevamente, la única imagen que se
había salvado del incendio de la iglesia mayor tal como nos ha dicho el
Vicario, todas las iglesias y conventos estaban arrasados e incendiados, solo
quedó en pie el Santo Cristo del Consuelo en Santa María; quedó reflejado en el
acta del Cabildo del día 19 de Septiembre «…el hecho de no haberse aproximado a
esta Villa parte alguna de dichos enemigos ni pedido raciones, ni causado el
menor daño en nuestra campiña, no obstante de ser comunes los efectuados por
donde van se tiene por milagro atribuido al Señor del Consuelo.» El Cabildo
municipal propuso en esta misma sesión que para el día 27 de septiembre se
celebre una solemne función religiosa con tedeum, sermón y música. De este
acuerdo se dio traslado al mayordomo de la cofradía del Señor del Consuelo, y
ésta se sumó a ellos proponiendo que se
completaran las fiestas religiosas con «unas fiestas de vaquillas» que el
Ayuntamiento autoriza y el escrito termina diciendo «… es ynegable que dicho
Señor ha manifestado su grandeza con haverse devorado toda la Yglesia con el
titulo de Santa Maria la Maior, donde se venera el Señor del Consuelo y fue el
caso que aun no tan solo no se yncendio su Capilla, si no es que la puerta de
ella no percivio humo, teniéndose por milagro patente, y de aquí ha venido que
las gentes han hecho y van a hacer muchas fiestas de Yglesia y Procesiones
generales, y todo dando culto al Señor del Consuelo».
Como hemos visto, Santa María fue
incendiada el 4 de junio de 1810 por las tropas francesas como represalia a las
negativas de los cazorleños a someterse a la colaboración, económica y personal
que pedían. Esto no impidió la celebración del cultos en Santa María, como los
del 14 y 27 de septiembre de 1812, pero ante el cierre gubernativo de Santa
María, el Vicario Dr. D. Antonio Campillo y Castaños, lo pone en conocimiento
de las personas implicadas en ello, con un auto de fecha 8 de marzo de 1815,
que dice así: «... y en virtud de ellos
cierrese la Iglesia mayor de esta Poblacion y para su traslacion al convento de
la merced que parese ser lo mas commodo. pasese oficio al M.R. P. Comendador,
para que se sirva franquear a dicha Parroquial la Pieza que llama el Granero, y
quanto a esto no huviera lugar por alguna circumtancia la que sirve dicha
Comunidad de Iglesia.».
De este auto se le da traslado al Prior y
al mayordomo de Fábrica de Santa María, con la particularidad de que, en este
último auto, el Vicario avisa, «... se haga dicha traslacion en secreto y sin
formalidad alguna, para que el Pueblo no se commueba.»
El mismo auto se remite también «... al
Mayordomo del Santisimo Cristo del Consuelo a fin de que igualmente lo
trasladen sin aparato alguno a donde se establezca la Parroquia».
La intención del Dr. Campillo está clara.
La Cofradía del Señor va donde la Parroquia, es la primera devoción popular y
van de la mano. El escribano del cabildo, el mismo día 8 de marzo de 1815, se
persona en las moradas de todos los implicados en este auto y la notificación
al mayordomo del Señor es de tenor siguiente: «En dho. dia Notifiqué dho. auto
en la parte que le comprehende a Salbador Plaza de esta vecindad y Mayordomo de
la Cofradia del Santisimo Cristo del Consuelo que se venera en la Parroquial
Mayor de esta Ciudad. Doy fee=Valero». La Cofradía del Señor, se reunió inmediatamente
para decidir tan importante medida, y acordaron pedir, por mediación del Prior,
suspender el traslado del Cuadro. Al día siguiente, 9 de marzo, tenemos la
respuesta del Vicario a esta petición: «... como los Hermanos de la Cofradía
del Santisimo Cristo del Consuelo, que se ha reservado en aquella Igla. de
todas las Ynjurias de la Guerra, y de los Enemigos, hayan interpuesto a esta
instancia para que no se les estrayga de ella i la qual se ha pasado a
Ynformacion al Cura Prior, suspendasela traslacion hasta nueva orden».

Esta petición y el estado que se
encontraba la Iglesia de Santa María, tras la orden del Corregidor del cierre
por que “amenaza de ruina”, habían dado lugar a delimitar el perímetro de paso
bajo la bóveda y el presbiterio, y como el Cuadro del Señor se había colocado
en la pared del Altar Mayor para celebrar las funciones religiosas, el acceso
se complicaba. Por ello, la Cofradía vuelve a dirigirse al Vicario para que
autorice una nueva ubicación para el Cuadro y que el pueblo tenga un acceso
fácil. Pues bien, solicitan lo siguiente: «... se le permitiese colocar la
Imagen del dicho Ssmo. Cristo (objeto de particular veneracion en aql. pueblo)
en la pieza llamada de la Pila, que era lo más seguro del edificio, siendo de
su cuenta los gastos ql. hubiere ql. hacer en la obra». La respuesta no se
hizo esperar y el día 22 de marzo, una vez hechas las obras oportunas en la
Capilla de San Juan Bautista, a los pies de Santa María, con entrada libre
desde la plaza por la puerta principal sin correr peligro alguno, «...oido el
informe del Cura Prior dela dha Parroql. mi parte, y asistió en veintidos del
mismo mes a bendecir la Capilla con las ceremonias prescritas por el ritual
romano».
El propio Vicario en persona supervisó
las obras y bendijo la colocación del Cuadro en su lugar. Conociendo la
capilla, solamente queda un paramento libre para colocar el Cuadro, que no es
otro que el que mira al Oeste, pues en uno tenemos la ventana que da a la
Plaza, en otro la hueca para los Sagrados Óleos y en el otro la puerta de
entrada. Sabemos también que la Pila Bautismal estaba en el centro de la
capilla, y por ello este espacio se conocía así: “la Pila”. Este fue el último
lugar donde se veneró al cuadro del Santo Cristo del Consuelo en la iglesia Mayor
de Santa María.
Aun no se había conseguido reparar el
templo de San Francisco, cuando el 25 de octubre de 1820, se promulgó la
llamada «Ley de Monacales» por la cual los, frailes tuvieron que abandonar su
convento y todos sus bienes fueron intervenidos por la Hacienda pública. El día
14 de Junio de 1821 se dirigen al Vicario Eclesiástico: «El ministro y demás
individuos de la Junta que constituyen el Benerable Orden Tercera de Penitencia
de esta Ciudad a V.S. con el debido respeto exponen: Que de tiempo inmemorial
han estado reunida al Convento de Observantes Franciscanos de la
misma,exercitando sus funciones en la Iglesia de aquel donde tenían capilla,
sacristía y ornamentos y campana propias, hasta que con la imbasion enemiga fue
esta con la iglesia quemada, después continuo sus actos de devoción en la
provisional que se havilito por la comunidad en el claustro bajo y con motivo
de haverse verificado la extinción de dicho convento ha resuelto continuar
dicha Venerable Orden con sus exercicios en la citada iglesia antigua quemada,
habilitándola en el mejor modo posible y para su logro acude a V.S. para que
les conceda dicha gracia…», el Vicario Eclesiástico, da traslado de este
escrito al arzobispo de Toledo, don Luis de Borbón quien contesta «… se ha dignado
por su superior decreto de este día condecer su permiso y facultad, por lo que
a S.Emª toca mientras no aia inconveniente por parte del Crédito Público
Nacional… en la referida iglesia, luego la habilite…». La supervisión de las
obras se le encarga al Vicario Eclesiástico «… a cuyo fin pasará a visitarla,
para todo lo cual le autoriza S.Emª con las facultades necesarias. … dado en
Madrid a 29 de Junio de 1821» ¿Quiénes son los componentes de esta rama
Franciscana? Sencillamente son seglares organizados entorno a la Tercera Regla
Franciscana. En el escrito están sus firmas, y el primero que lo hace es «el
ministro» Don Antonio Lazcano siguiéndole importantes caballeros locales, como
Don Juan de la Torre, Don Antonio de Cuenca o don Manuel Antonio de Godoy. Todos ellos se comprometen a la rehabilitación del templo de San Francisco.
Este dato nos abre un poco más, las fechas sobre el traslado de la Cofradía
desde Santa María a San Francisco. Estamos en 1821, y aún la Cofradía no está
en San Francisco, lo que nos permite especular con la posibilidad de un
entendimiento entre la Orden Tercera y la Cofradía para la rehabilitación de la
iglesia y su ocupación definitiva por la Cofradía del Cristo del Consuelo.
Pasado el Trienio Liberal, Fernando VII derogó todo lo legislado y los frailes
volvieron a Cazorla Así el 29 de Junio de 1823, encontramos en Cazorla a fray
José Melgar, Provincial de la Orden en «… la primera visita de oficio, registró
este libro en donde están apuntados y escritas las memorias que tiene a su
cargo esta comunidad…».
Con estos datos, que publicamos por
primera vez, se nos abre una nueva línea
de investigación, tendente a averiguar cuándo la Cofradía del Señor del
Consuelo, llega definitivamente a la iglesia de San Francisco. Espero tener
pronto una respuesta a esta interrogante.
El 10 de Agosto de 1859, nuevamente un
grupo de Cazorleños se dirige al arzobispo de Toledo y su Consejo de
Gobernación, para solicitar la aprobación de unos nuevos Estatutos para la
Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo. La legislación vigente obligaba a
que una vez aprobados por el Ordinario, se tenía que solicitar la aprobación
Real, ante el Ministerio de Gracia y Justicia. En la exposición de motivos que
se hace, dirigida a la reina Isabel II,
se relata cómo milagrosamente se salvó del incendio de la iglesia Mayor:
«Grande y ferviente es la devoción que desde tiempo inmemorial tenían los
habitantes de este país a la efigie del Señor, que con la denominación del
Consuelo se venera en esta Ciudad. Esta y desde la asoladora Guerra de la
Independencia creció en su mayor punto al ver que en una de sus invasiones se
incendió y redujo a cenizas el templo en que se encontraba quedando esta efigie
en medio de las devoradoras llamas, intacta y sin sufrir las consecuencias de
ellas, ni aun la del humo que todo lo inundaba. Desde esta época y con tan
admirable portento, todos estos moradores y los de los pueblos cercanos acuden
a rendir a este divino Señor sus cultos y a implorar sus gracias en sus
vicisitudes y enfermedades…»
Una de las razones por lo que se tramitan
estos Estatutos es la de dar legalidad a todos los actos que ya se hacían. Así
apuntan que las Fiestas de Septiembre en honor al Cristo del Consuelo, van de
la mano de la Feria: «…para hacerle en cada un año las Fiestas Religiosas
conducentes que le vienen siendo mismamente concedidas por que este Ilustre
Ayuntamiento para darlas mayor esplendor dispone a la vez de otras cívicas…
como quiera que no pueda ostentar el título de Cofradía o Hermandad según lo
dispuesto por las Leyes del Reino.» Termina la exposición de motivos con una
atrevida propuesta, que es el origen del título de Real que ostenta nuestra
Cofradía «… si esta Hermandad, Señora, pudiera contar entre los individuos que
la componen como Hermano Mayor de ella a vuestro Excelso hijo, el Príncipe
Alfonso, grande sería su satisfacción, …». La presencia de los escudos de la
reina Isabel II en nuestra Cofradía y el uso que se le dio, colocados encima
del Cuadro, son la respuesta a esta petición y de aquí que gocemos del título
de “Real Cofradía” por el hecho de haber contado entre los hermanos al Príncipe
de Asturias que, en esta fecha de 1859, solo contaba con dos años y que más
tarde fue rey de España, Alfonso XII. Estos Estatutos se aprueban
definitivamente el 21 de febrero de 1861, cuando el mayordomo de la Cofradía
recibe del Arzobispado de Toledo, la
resolución de «… la Reina, que D.g. se ha dignado prestar su soberana
aprobación a los Estatutos porque ha de regirse y gobernarse la Cofradía del
Santísimo Cristo del Consuelo establecida en la Iglesia Parroquial de la Ciudad
de Cazorla…» El único “pero” que lleva esta real resolución es que el
Ministerio de Gracia y Justicia, quiere que se inserte una disposición donde se
fije una cuota anual, que todos los hermanos deben satisfacer. Para dar
cumplimiento a ello, el día 10 de marzo de 1861 se reúne la Cofradía y el
secretario levanta acta de esta sesión: «Reunidos en la Sacristía de la iglesia
Capilla del Santísimo Cristo del Consuelo que se venera en esta Parroquia, el
Hermano Mayor y demás cofrades de la Hermandad de la misma, por disposición de
aquel y por mi el Secretario se dio lectura de la anterior comunicación de la
Secretaria de Cámara y Gobierno del Arzobispado de Toledo…. todos y cada uno de
los Cofrades y Comisarios se obligaron y obligaban a satisfacer en el mes de
septiembre de cada un año y para el sostenimiento del culto diez reales de
vellón…»

Uno de los puntos más interesantes de
estos nuevos estatutos, es la distinción que se hace entre Consiliarios y
Hermanos. Los primeros tienen limitado su número a 60 mientras que el de
hermanos es ilimitado. Los Consiliarios eran el equivalente actual a los
miembros de la Junta Directiva, pues sus principal misión es que, de entre
ellos, cada año y después de la Novena, se elija un Mayordomo, un Tesorero y un
Secretario; y de común acuerdo con el Párroco la organización de los actos de
culto anuales, entre los que obligatoriamente se citan: «… un Novenario
dedicado a la efigie del Señor del Consuelo, que principiará la tarde del día
tres y concluirá la del once de Mayo de cada un año, y una fiesta de Cabildo
con Procesión el día diez y siete de Septiembre…» y por supuesto, la
organización de “las demandas”, lo que hoy conocemos como la petición de
limosnas, que hacemos durante los meses de Agosto y Septiembre.Las atribuciones
de los Hermanos, son las de auxilio de los Consiliarios, el nombramiento de los
Hermanos de Taza y la de “llevar las baras cuando salga el Señor”, nuestros
importantes costaleros.
En estos estatutos ya queda fijada
definitivamente, la fecha de la fiesta del Señor del Consuelo para el 17 de
septiembre. Este cambio se había producido unos años antes en 1846, cuando se hace pública una hoja de mano, que
se difundió en Cazorla, donde se anunciaba que: «En los cuatro días de feria
que celebra esta ciudad desde el 18 al 21 de septiembre, habrá en el presente
año, por sus tardes corridas de Novillos de las mejores ganaderías del país, y
por las noches funciones de Teatro.
Con el fin de dar a los feriantes mayor
estímulo y objetos de recreo y distracción, la antigua y ya célebre función
religiosa que dedica esta Ciudad al Santísimo Cristo del Consuelo, se
transfiere al día 17 de Septiembre víspera de la feria, precediendo en la noche
del 16 una función de fuegos artificiales de más gusto y mayor duración que las
habidas en años anteriores.
Lo que se anuncia al público para su
inteligencia. Cazorla 18 de Agosto de 1846».
Este cambio en las fechas, que como dice,
es para ajustarse con la Feria, no debe sorprendernos.La Cofradía del Cristo
del Consuelo ha ocupado la iglesia franciscana y estamos de alguna manera
ligados a la Orden Tercera. Hay que recordar, que los franciscanos celebran el
día 17 de septiembre «la impresión de las cinco yagas», suceso que ocurrió en
Arezzo el día 14 de septiembre de 1224. La orden franciscana, al coincidir el
día 14 con la Exaltación de la Santa Cruz, decidieron traspasar su Fiestas al
17. Luego nada nuevo el que nosotros, en 1846, hiciéramos lo mismo que los
franciscanos hicieron 622 años antes.41
Para terminar con estos Estatutos, se
contempla la posibilidad, si las condiciones económicas lo permiten, del
nombramiento de un Capellán para la celebración de los Divinos Oficios, y de
un Sacristán para el cuidado de la Capilla.
También llama la atención la existencia
de los llamados “Hermanos de Taza”, que los define como aquellos que «…en los
días festivos inviten a la caridad de los fieles para con sus limosnas poder,
en parte atender a los gastos del culto.»
Al igual que en los anteriores estatutos,
un punto importante lo es el entierro de sus miembros, y para ello se dispone
que se dirá “… una misa y vigilia en la Capilla donde se venera el Señor, con
el beneplácito del Sr. Cura Párroco y sin perjuicio de los derechos
parroquiales, los cuales se pagarán de los fondos de la Cofradía. Para el
funeral y entierro de cada Consiliario y Hermano asistirá la Cofradía»
2.4. El siglo XX. Dos nuevos estatutos,
1970 y 1990
«...siguiendo, pues, las huellas de nuestros
padres, bajaremos este año la calle que nos lleva al nido de nuestras
consolaciones...»
El siglo XX está marcado por los sucesos
de la Guerra Civil, que tanto dolor causaron. En el programa de mano de las
Fiestas de Septiembre de 1935, nuestro párroco Don Ramón Rojo y Díaz de
Cervantes43 se dirigía, a todos los cazorleños con estas palabras: «Parece
ocioso decir algo del Señor del Consuelo al frente del programa anunciador de
las próximas fiestas, porque en realidad no nos cogen de sorpresa en el rodar
del tiempo los días destinados a ellas, puesto que ni un momento se aparta de
nuestro recuerdo la insigne figura del Redentor del mundo, ni la imagen
venerada y hermosa que guardamos como tesoro inapreciable en nuestra Iglesia de
San Francisco. No es posible tampoco encender más la llama de devoción del
pueblo de Cazorla hacia el Santísimo Cristo venerado, porque el sacro fuego de
la fe y de la piedad entusiasta de la secularmente cristiana ciudad no sufre,
no ha sufrido merma, minoración ni eclipse, a pesar del vendaval arreligioso
que asoló otras regiones de la católica España. Siguiendo, pues, las huellas de
nuestros padres, bajaremos este año la calle que nos lleva al nido de nuestras
consolaciones, adoraremos fervorosamente a Dios que muere en la cruz para la
redención de los hombres y acompañaremos la imagen sacrosanta cuando sea
llevada en triunfo de veneración y acatamiento por las calles y plazas de
Cazorla». Fue la última vez que procesionó el Cuadro del Cristo del Consuelo
por las calles de Cazorla. En la noche víspera de Santiago (25 de julio) de
1936, varios grupos de milicianos, acompañados de algunos cazorleños que les
abrieron las puertas de la iglesia de San Francisco, dispararon dos tiros al
Cuadro, lo tiraron al suelo y junto a las andas y todas las imágenes y objetos
que encontraron a su paso, los montaron en un camión y los llevaron hasta la
gran hoguera que había en la plaza de la Tejera. Igual suerte corrió Don Ramón
Rojo, que fue asesinado en la madrugada del 27 al 28 de noviembre de 1936 en
Paracuellos del Jarama.

Terminada la Guerra, el día de San Isicio
de 1939 se reunió la Junta Directiva de la Cofradía, cuyo primer objetivo era
la pintura de un nuevo Cuadro. En Madrid, el 25 de Julio de 1936, los
representantes de la Cofradía firman el contrato con el pintor Maríano de
Madrazo y López de Calle para pintar un nuevo Cuadro para Cazorla. Se fijó
precio por el trabajo en 9.000 pesetas. En el programa de mano de las Fiestas
de Septiembre de este mismo año de 1939, para el día 17 :«…A las diez de la
mañana, Bendición en la Iglesia de San Francisco, del cuadro que reproduce la
Sagrada Imagen de Nuestro Santísimo Cristo del Consuelo, obra del ilustre
pintor don Mariano Madrazo, por el Ilmo. Sr. Obispo Auxiliar de la Diócesis de
Toledo, que ocupará la sagrada cátedra en la función religiosa que se celebre
seguidamente.» El obispo, Dr. Modrego, por problemas de última hora, no pudo
estar en Cazorla y fue nuestro párroco Don Joaquín González de la Llana quien
bendijo el actual lienzo.

Son dos los Estatutos que hemos tenido en
el pasado siglo XX, que por su similitud y cercanía en el tiempo no vamos a
detallar, pues todos los conocemos y sabemos como está organizada la Junta
Directiva, cuales son las funciones del mayordomo, tesorero y secretario o
cuando hay que hacer la petición de las limosnas, pero sí citaré las fechas de
su aprobación. Los primeros tienen su fecha del 24 de septiembre de 1970 por el
Obispado de Jaén47, y los segundos, que son los vigentes en la actualidad, se
aprobaron el 16 de mayo de 1990. En la exposición de motivos de los primeros
nos muestra las dificultades que hemos tenido para conocer nuestra propia
Historia: «… sucesivas destrucciones de los archivos públicos y eclesiásticos
de Cazorla, nos condenaron a carecer, en absoluto, de antecedentes
documentales, de relaciones narrativas antiguas y de cualquier otro dato firme
en que apoyarnos para conocer detenidamente la historia de la Cofradía. Pero
por las pocas huellas que han quedado,
por lo que la tradición oral conservó, y por otras citas auténticas de
documentos existentes en el Archivo del Arzobispado de Toledo…» a pesar de
todo esto, hoy, hemos podido recomponer
un poco la Historia de nuestra Cofradía y mostrar las huellas que han ido
dejando las diferentes Juntas Directivas en estos 313 años que han pasado desde
la aprobación de los primeros Estatutos.
En una de las estrofas de «La Plegaria»
al Cristo del Consuelo se canta: «Siempre Cazorla escondida, llena de gozo o
pesar, puso el afán de su vida en las gradas de tu altar.» en estos versos se
pueden entreleer lo que más arriba nos decía Don Ramón Rojo «…siguiendo, pues,
las huellas de nuestros padres, bajaremos este año la calle que nos lleva al
nido de nuestras consolaciones...», que se materializa en forma de ofrendas.
Una manera de materializar estas gracias al Cristo del Consuelo, ha sido
adornar la iglesia de San Francisco con obras de arte, donde la belleza sea una
forma de contemplación de Dios. Para evitar el mal gusto y conseguir la armonía
dentro del templo, en la Asamblea General de la Cofradía del mes de mayo de
1943, Don Lorenzo Polaino, presenta un documento de cinco folios
mecanografíados bajo el título «Proyecto de Bases» que fue aprobado en esa
Junta General, donde se hace una detallada descripción de cada una de las
actuaciones y su grado de prelación para conseguir un fin, que no es otro que
el templo de San Francisco se convierta en un auténtico relicario. Este
programa se ha llevado a cabo por completo y gracias a esto, hoy el templo de
San Francisco es un lugar de culto en armonía y belleza. Este amplísimo
proyecto no hubiese sido posible sin la participación de todas y cada una de
las Juntas Directivas, que desde 1940 hasta la actualidad han pasado por la
Hermandad. Son personas con nombre y apellidos que han tenido al Señor del
Consuelo como principal objetivo de su vida y que todas han dejado su huella.
Son muchas las Juntas Directivas que han pasado, desde Pedro de la Plaza, el
primer mayordomo que instituye legalmente la Cofradía con los estatutos de 1712, hasta la actual encabezada por Don
Lorenzo Iglesias. Todos han dejado su impronta en la vida de la Cofradía. Pero
no puedo dejar de reconocer publicamente a dos de nuestros hermanos en el Señor
que de una forma clave han dejado su huella en la Cofradía, son Don Lorenzo
Polaino y Don Rufino Almansa.

El primero, ya ha salido por aquí su
nombre antes, pero a él, a su tesón y buen gusto le debemos el bellísimo
retablo del altar mayor de San Francisco, es una obra deslumbrante, hecha para
colocar en el centro al Cuadro del Señor. Lorenzo, conocedor de la vida
cofradiera, sabía que hay ciertas obras que, en el corto espacio de tiempo del
mandato de una Junta Directiva, es imposible hacer pues se requiere una
inversión importante; pues él consiguió que tres Juntas Directivas aunaran
esfuerzos para poder pagar una obra de esas características.
El segundo de los citados, Don Rufino
Almansa, ha dado a la Cofradía un sustrato histórico, que hasta entonces no
teníamos. Su trabajo minucioso en el estudio de los Archivos, ha dado el fruto
de dos libros que tienen como punto central al Señor del Consuelo y su relación
con Cazorla. Los dos Don Lorenzo y Don Rufino han dejado una huella imborrable
en nuestra Historia.
Ya, para terminar este pregón, que como
dije al principio, se ha escrito entre la muerte del papa Francisco y la
posterior elección de León XIV he leído bastantes cosas sobre ambos. Por citar
una muy polémica, y que es número uno en ventas,el libro «El loco de Dios en el
fin del mundo», donde se recogen unas entrevistas con Andrea Tornielli, que es
el director editorial de todos los medios de comunicación del Vaticano y con
Paolo Brunelli, responsable de la Radio y la TV Vaticana donde nos hablan del
Papa Francisco en los siguientes términos:«… que en un tiempo que todos hablan,
nadie escucha. Que en un tiempo en que todo el mundo dice la suya, aunque no
sepa nada, todos tenemos necesidad de alguien que nos escuche y nos diga que
hay un Dios que nos quiere y que además nos quiere como somos. Eso es la
misericordia de Dios, un amor que no te pide nada…» «… cuando lo conocí, (a
Bergolio), a la Iglesia le faltaba algo; era una Iglesia demasiado
condenatoria; se dedicaba a dar la batalla contra todo: contra los gais, contra
el divorcio… y entonces apareció Bergolio y puso a Cristo en el centro, nos
recordó que Jesús había venido a salvarnos, no a condenarnos, y que lo esencial
de su mensaje es la misericordia…Para mi Bergolio trajo lo que en aquel momento
le faltaba a la Iglesia». Con esta idea tan clara del rumbo de la Iglesia del
siglo XXI y como el pregón lo he dedicado a la Historia de nuestra Cofradía,
hay que recordar que somos una institución religiosa, no estamos aquí solamente
para comprar imágenes, arreglar tejados, pedir limosnas y sacar en procesión la
imagen del Cristo del Consuelo, sino que todo esto solo se hace si hay un hecho
trascendental, que es la presencia de Jesús, del Jesús del Consuelo, dentro de
nosotros y os voy a citar, para comparar con los anteriores párrafos de los vaticanistasTornielli
y Brunelli, lo que hace 33 años, en su pregón para la Semana Santa de Cazorla,
en el año 1992 nos dijo, en este mismo lugar, nuestro amigo Don Juan Martínez
Ortega:

«… yo quisiera que cuando vierais pasar por delante de vuestros balcones
la imagen de Jesús clavado en la cruz, con los brazos abiertos y la cabeza
inclinada sobre su pecho, pensarais y dijerais más allá de lo que es, la propia
imagen: Ese es mi amigo. Ese es el buen Dios. Él me ha dado todo lo que tengo,
el aire que respiro, la luz de mis ojos, el sonido de mi voz, el movimiento de
mis manos y pies. Y no sólo me ha dado todo eso, sino que también me dio su
vida y su sangre. Él es mi amigo. Es como una personas de mi familia, que sufre
con mis amarguras y se alegra con mis alegrías, que se preocupa por mi bien y
no quiere daño contra mi, y me considera como uno de los suyos. ¿Por qué yo no
lo voy a considerar como uno de los míos? ¿Por qué no voy a hacer de Él un gran
amigo mío, en lugar de hacerlo un Dios terrible que ni me escucha ni me oye y
al que hay que tener un enorme respeto. Esto bien pudiera ser el mensaje que yo
os diera en este pregón, que cuando vierais la imagen del Señor del Consuelo en
la calle, vierais que ese Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, porque cuando
nosotros nos veamos destrozados por la enfermedad, Él es quien puede tendernos
las manos y abrirnos su corazón, pues nadie hay que sea tan bueno y tan amigo
de los hombres como Jesús… y es cierto que Cristo nos pide la perfección, pero
no como se nos ha enseñado hasta ahora, en que la perfección era un conjunto de
reglas y leyes que arruinaban nuestra libertad y deshumanizaban nuestra vida.
La perfección que quiere Jesús, es que tengamos plena confianza en Él y que le
miremos como padre y como amigo y que en nuestra vida nunca nos falte la
misericordia con todos y en todo cuanto hagamos. Simplemente con eso, puede que
haya bastante y no haga falta mucho más».Todo esto que hemos hablado esta noche,
se puede resumir muy bien en el lema que acompaña al escudo heráldico de
nuestro papa León XIV
«In Illo uno unum»
«En el único Cristo somos uno»
He dicho