jueves, 19 de marzo de 2026

 

Es una tradición en la Iglesia dedicar los jueves de cada semana a la oración ante el Santísimo Sacramento. San Francisco, desde que se abrió al culto, allá por 1578, ha tenido al Santísimo como centro de todas las celebraciones. No hace falta ponerlo por escrito para tener constancia de los rituales que en este lugar se han celebrado. Pero curiosamente tenemos una escritura donde Francisco Ramos, cuñado de Juan de Madrigal “el viejo” manifiesta ante el escribano público Gaspar Martínez de los Reyes, «que tengo mucha devoción al Santisimo Sacramento del Altar». Estamos en 4 de enero de 1645 y la intención del Francisco Ramos es fundar una memoria y vínculo perpetuo en la iglesia de san Francisco, para con las rentas que produzcan dos de su fincas con 40 fanegas de tierra, en La Dehesilla y el Alcachofar poder «decir cada jueves de cada semana todos los años para siempre jamas mientras el mundo fuere en el dicho convento una misa cantada con El presente, diacono y subdiácono de la dicha festividad del Santisimo Sacramento y se ha de tocar el órgano y asistan los religiosos del dicho convento». Para pagar esta fiesta se ha de dar, de las rentas de las 40 fanegas de tierra «de limosna al síndico del dicho convento cada un año ciento sesenta reales».

Además de esta Fiesta, la vanidad del fundador es grande y conoce muy bien el templo de san Francisco, y en este año de 1645 ya se está preparando una obra importante en él, que es la reforma que el padre fray Sebastián de Orozco (1649) hizo, ampliando la iglesia hasta la configuración que hoy día conocemos. Pues bien, «yo, el dicho Francisco Ramos o mis herederos, labrada la Iglesia tomásemos alguna capilla para nuestro entierro en ella, acabada la misa se ha de decir un responso por nuestras animas».

A fin de completar esta breve reseña, solamente un par de datos más. Para todas estas Fiestas y exposición del Santísimo, el Ritual Romano prevé la utilización de “La Custodia”. En san Francisco siempre hemos tenido una Custodia. La primera de la que yo tengo constancia por escrito la regaló Luis de Caravaca, que por su testamento del 28 de Noviembre de 1582 dispone «se de al señor san Francisco de mis bienes veinte y cuatro ducados para hacer una custodia en que se lleve y saque el Santisimo Sacramento en su Fiesta y 4 ducados para la hechura, que son por todo veinte y ocho ducados». La última y que tenemos en uso es la que regaló doña Dolores García Ortega, que en memoria de su difunto esposo, mando labrar en un taller de orfebrería de Córdoba y que hoy utilizamos en la procesión del Corpus Christi.

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